Sede Canónica

PARROQUIA DE SAN JUAN Y SAN PEDRO

La Iglesia de San Juan Bautista, actual sede de la Parroquia de San Juan y San Pedro, es uno de los templos más antiguos de la capital. Los investigadores lo vienen datando en la segunda mitad del siglo XIV.

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Excavaciones arqueológicas realizadas en el verano de 1989 permitieron comprobar que el templo se levanta sobre una vivienda islámica del siglo XI que luego de ser abandonada tras las invasiones de los almorávides y almohades, volvió a reutilizarse a comienzos del siglo XIII.

Alzada sobre un altozano y en pleno corazón de la ciudad vieja, desde ella se dominaba toda la Vega de Jaén, lo que la convirtió, hasta época contemporánea, en punto de referencia visual y horaria para los hortelanos.

Inicialmente se construyó en estilo gótico y como edificio aislado, que posteriormente fue quedando envuelto por una serie de viviendas particulares adosadas a su costado Norte. En la década de los años setenta, al procederse al ensanche de la calle Martínez Molina, estas construcciones se demolieron, lo que ha permitido que el templo vuelva a ser un edificio exento, con su fachada principal abierta a la amplia Plaza de San Juan, las laterales a las evocadoras calles de San Juan y San Antón y el ábside sobre la Calle Martínez Molina.

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Determinados vestigios visibles en su fachada lateral y los indicios aportados por las excavaciones arqueológicas realizadas en su subsuelo, apuntan la posibilidad de que en sus primeros años el templo tuviera orientación SE-NW, con entrada por la actual calle San Juan y el altar mayor en el costado que hoy ocupa la Sacristía. Luego, en el siglo XVI, se produjo una ampliación y remodelación que determinó la actual planta con orientación SW-NE. En el siglo XVIII la fachada principal se vino abajo, reedificándose con la sencilla y equívoca traza actual.

Originariamente fue parroquia de corta feligresía, limitada por otras parroquias en su mayoría desaparecidas: Santa María Magdalena, San Miguel, San Andrés, Santa Cruz, San Pedro, San Bartolomé, Santiago y El Salvador. En las Constituciones Sinodales del Obispado, la de San Juan ocupaba el quinto lugar entre las parroquias de la ciudad. Estaba servida por un priorazgo y tres beneficiados simples servideros, teniendo consideración de “iglesia mediana”.

En el arreglo parroquial realizado en junio de 1843, que dejó a la capital con solo cinco parroquias, la de San Juan fue suprimida, quedando el templo con la condición de Iglesia auxiliar de la Parroquia de San Pedro y el culto atendido por uno de sus coadjutores.

Esta nueva situación motivó su decadencia y algún atisbo de abandono y ruina, pues no se consideró “edificio de mérito”. Así, don Pascual Madoz en su celebrado “Diccionario” se limita a decir de ella: “…La iglesia de San Juan, en la plaza de su nombre, hoy ayuda de la parroquia de San Pedro, es muy antigua en su construcción. Está dividida en tres naves formadas por columnas parecidas a las corintias, pero muy restauradas y convertidas en pilares cuadrados. Las bóvedas góticas y los aristones graciosos. La fachada, que tuvo también decoración gótica, se derribó a fines del siglo pasado y hoy queda sólo un muro irregular…”.

Similares apreciaciones mereció para don Francisco Pi y Margall, que en sus Recuerdos y Bellezas de España (1850), consigna “…San Juan no conserva de lo antiguo, en su fachada, sino una simple ojiva sobre una puerta moderna; tiene en el interior cuatro pilares cuadrados, sin basa ni capitel, que la dividen en tres naves y sostienen los arcos apuntados en que descansan las bóvedas… El Presbiterio, separado del cuerpo del templo por seis gradas, apenas presenta nada notable sino la forma octógona de la bóveda y la complicación de sus claves y aristas con las que formó el autor estrellas, quizás con el objeto de imitar en la construcción de su obra la bella techumbre de los cielos…”.

Por los inventarios de la época sabemos que el Altar Mayor estaba presidido por un modesto retablo de fines del XVIII, muy similar a los que dispusieron para las capillas catedralicias los arquitectos Manuel Martín Rodríguez y Gregorio Manuel López, donde figuraban las imágenes de San Juan Bautista y San Juan Evangelista y se coronaba con un lienzo de la Santa Cena. Las paredes del Presbiterio las decoraban once pinturas de diversos temas. El patronato de esta capilla mayor lo tenía la familia Coello de Portugal.

A la izquierda del Altar Mayor se abría la amplia capilla propia de la Congregación del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de los Dolores, cedida en 1695 y reedificada en 1726 por don Juan Manuel Bonilla y Olivares. En ella se ofrecían a la devoción de los fieles las hermosas imágenes de esta Congregación, ocupando el camarín la Virgen de los Dolores. Al otro lado, había un retablo dorado con la imagen de San Jacinto coronada por diadema de plata, flanqueada por imágenes del Niño Jesús y la Purísima Concepción.

En el cuerpo de la Iglesia se alzaban varios altares de concurrida devoción. Uno dedicado a San Antón, a que acompañaban imágenes de San Félix de Valois y San Juan de Mata. Otro, con un sencillo retablo pintado en banco, con las imágenes de Nuestra Señora de la Encarnación, Jesús en la columna y San Sebastián. También había un lienzo de Ánimas. El coro disponía de un buen órgano con trompetería horizontal.

En la sacristía, dotada de hermosas cajoneras de nogal, había un Santo Cristo con dosel encarnado, imágenes de San Onofre, Dulce Nombre de María, San Antonio Abad y la Inmaculada Concepción –todas ellas deterioradas- y algunas pinturas entre las que sobresalían una de la Transfiguración, San Juan Bautista y Nuestra Señora de las Angustias y una Dolorosa.

Durante la segunda mitad del siglo XIX la Iglesia de San Juan vivió sumida en lamentable olvido, sin apenas consideración hacia sus valores históricos y artísticos.

En 1906 al hundirse la techumbre de la Parroquia de San Pedro, los servicios parroquiales pasaron a la Iglesia de San Juan, mientras se acometían las obras de reparación. Aquellas obras se paralizaron apenas comenzadas y hacia 1913 la techumbre de San Pedro se vino abajo. Entonces pasaron a San Juan buena parte de sus enseres, quedando definitivamente establecida la parroquia en la iglesia de San Juan, con la ambigua y equívoca denominación y jurídica de Parroquia de San Pedro / Iglesia de San Juan.

Desaparecida Parroquia de San Pedro, Jaén

La Guerra Civil dañaría seriamente el templo. Bajo él se adecuaron las criptas funerarias para que sirvieran de refugio anti-aéreo. Buena parte de su ajuar mueble ardió en una hoguera en la plaza y de sus dependencias y en la torre aneja se instaló una emisora “Radio Telégrafos”, que se escuchaba asiduamente en la Andalucía republicana y que tenía la misión de interferir las emisiones de la popular “Radio Sevilla”.

Con todo ello, la ya endeble estructura se resintió y en 1944 fue preciso clausurar el templo para iniciar obras urgentes de consolidación promovidas por una Junta de Restauración que presidió e impulsó el ilustre giennense don Inocete Fe, procediéndose a sanear los cimientos y recalcar los muros del presbiterio. No obstante, tras un corto periodo de servicio, en 1952 el Templo fue declarado en ruina y hubo de cerrarse al culto, pasando los servicios parroquiales al cercano convento de Santa Clara. El arquitecto diocesano, don Francisco López Rivera, procedió entonces a redactar un proyecto de total reedificación.

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Aunando las escasas posibilidades presupuestarias con los criterios imperantes a la sazón en la arquitectura religiosa, se demolió parte de la cubierta y la estructura interior, dejando en pie sólo los muros perimentales. Se perdió así, definitivamente, la antigua traza, que quedó sustituida por una estructura de hormigón armado, delimitando las naves con pilares lisos, creando una ubierta plana y dejando el presbiterio desnudo de toda ornamentación. Este nuevo templo, carente de la menor relevancia arquitectónica, se reabrió al culto el 29 de mayo de 1956.

Ya en la década de los años ochenta, con la loable intención de mejorar en lo posible la contradictoria visión que ofrecía el templo, se realizaron obras de adecuación dirigidas por el arquitecto Luis Berges Roldán, que al menos consiguieron armonizar el conjunto con su indudable relevancia histórica.

Posteriormente, por decreto del obispo don Miguel Peinado de 17 de mayo de 1985 y para evitar la confusión imperante hasta el momento, se decidió que en lo sucesivo la parroquia llevase la denominación canónica de“Parroquia de San Juan y San Pedro”.

INFORMACIÓN EXTRAIDA DEL LIBRO: “LA PARROQUIA DE SAN JUAN Y SAN PEDRO – GUÍA PARA UNA VISITA – ARTE E HISTORIA DE UNA COMUNIDAD CENTENARIA” (AÑO 2003)

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