Imaginería

La Congregación del Santo Sepulcro cuenta con el mejor conjunto imaginero de la Semana Santa de Jaén. Un conjunto que se viene atribuyendo, mayoritariamente, a la gubia del toledano-jaenés Sebastián de Solís, pero sin soporte documental ni motivo expreso que lo justifique.

Del hecho cierto de que la intervención de Sebastián de Solís en la imaginería de la Congregación es sólo una atribución fundada en el estudio comparativo con alguna de sus obras documentadas, sin que sea objetivo adjudicarle sin más su paternidad. Se trata de una atribución y como tal debe ser aceptada mientras no exista testimonio documental que lo certifique.

Sebastián de Solís es juntamente, uno de los artistas más significativos de Jaén en la transición entre los siglos XVI y XVII.

En 1965, Juan Abascal Fuentes talló la imagen del Cristo del Santo Sepulcro.

CRISTO DEL SANTO SEPULCRO

IMG_9098Durante muchos años, el paso del Santo Sepulcro se presentaba colocando en una urna acristalada la imagen del Crucificado del Calvario, a cuyo efecto disponía de brazos abatibles. Una vez depositado en la urna, se cubría con un bordado sudario o sábana, por lo que sólo era visible parte de la cabeza, reclinada sobre un almohadón.

El paso así dispuesto quedaba envuelto en un halo de respetuoso misterio funerario, pero impedía la contemplación de una imagen de tan súbito mérito artístico.

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Surgió así la inquietud de establecer a la imagen su inicial carácter de Crucificado y hacerse con un Cristo Yacente, propuesta que defendió d. Juan Alaya, quien alentó a la camarera Dª Gloria Buendía para que regalase la talla. Pero no se consiguió.

Por eso, luego de muchas tentativas y propósitos, en 1965 se decidió disponer de un nuevo paso, tallando al efecto una imagen de Cristo Yacente que aún colocada en la urna pudiera ser visionada en toda su integridad, fijando los brazos articulados del Crucificado con el fin de que esta bellísima imagen complementara el paso del Calvario tal como en su origen lo concibió su escultor.

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La realización de este empeño se encargó, por sugerencia de Rafael Ortega Sagrista, al escultor sevillano Juan Abascal Fuentes.

NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES

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De todas las imágenes de la Congregación, esta es la que más fervores ha despertado tradicionalmente. Se trata de una imagen cuya autoría se adjudica a Sebastián de Solís, imagen de candelero, muy zarandeada por diferentes restauraciones.

El candelero está formado por seis listones de madera cubiertos con armazón de tela metálica y dispuesto sobre una base ovalada. La imagen tiene una altura aproximada de 1.60 m.

73La mascarilla está tratada con exquisito mimo. Los rasgos faciales, suaves y de escasos matices, muestran el rostro con ligera inclinación hacia la derecha. Los ojos, bellísimos, están tallados y pintados, bajo pestañas postizas, sin más alimento que cuatro lágrimas de cristal, dos en cada mejilla. La boca, entreabierta, deja ver los dientes tallados. Las manos no son las originales, pues se trata de las manos de una imagen de la Magdalena, también propia de la Congregación, que en 1974 le fueron “trasplantadas” pues la tosquedad de las anteriores no armonizaba con la belleza del rostro.

Caracterizada a la manera clásica como una gran señora enlutada, el rostro expande un dolor sereno, resignado, que sin dejar de ser dolor de Madre, proclama una esperanzadora resignación en la voluntad divina.

39bEsta imagen ha sido restaurada en varias ocasiones, siendo la última restauración realizada por María José López de la Casa en el año 2015.

CRISTO DEL CALVARIO

CALVARIO 3Se trata de un crucificado de 1.43 m. labrado, al parecer en madera de pino. La imagen aparece clavada al madero con tres clavos, recordando la silueta de s de Juan de Juni.

La cabeza, con los rasgos afilados propios de un moribundo y los ojos entreabiertos, se reclina sobre el lado derecho. El cabello, que con intencionalidad realista aparenta estar pegado a la cabeza con sudor y sangre, se marca en gruesos mechones ondulados que se recogen hacia la nuca, dejando la frente despejada, lo que permite contemplar las orejas, de somero modelado. Cejas largas, nariz recta y una boca muy bien configurada, componen un rostro de facciones serenas.

El cuerpo pende sin rigidez con la relajación típica de la muerte, apoyándose sobre los pies, un tanto desproporcionados, el izquierdo clavado sobre el derecho sin recurso del subpedáneo; el vientre contraído hace resaltar el tórax con un recurso típicamente manierista, resaltando la configuración muscular de una bien estudiada anatomía.

CALVARIO 1El paño de pureza vuela hacia la izquierda, advirtiéndose en el lado derecho el corte de donde debió formar nudo. La herida de la lanzada está bien marcada y se acompaña de otras cinco heridas manifestadas con sobria discreción, aparte de numerosas marcas sangrantes no muy acentuadas.

Consta que en 1943 fue restaurado someramente por don Enrique Cañada, profesor de la Escuela de Artes y Oficios.

Hasta 1965 los brazos eran articulados con unos goznes metálicos que permitían celebrar la ceremonia del Descendimiento de la Cruz e introducir la imagen en la urna sepulcral para iniciar la procesión. En ese año, el escultor sevillano Juan Abascal Fuentes fijó los brazos y realizó una leve restauración de la imagen.

56Observando que la policromía comenzaba a desprenderse, dejando a vistas la madera, el 16 de Abril de 1993 la imagen ingresó en el Instituto de Conservación y Restauración de Obras de Arte, en Madrid, donde fue objeto de una meticulosa restauración que estuvo a cargo de Raimundo Cruz Solís y Cristóbal López Romero.

En Madrid permaneció hasta el 11 de Marzo de 1994 en que regresó a Jaén. Siendo la última restauración en 2015, realizada por María José López de la Casa.

SANTA MARÍA DEL SILENCIO

SILENCIO 1

Desde la segunda mitad del siglo XIX se tuvo la costumbre de completar el paso del Calvario con una imagen de la Virgen.

Como el Crucificado se utilizaba para el paso del Santo Sepulcro, a cuyo efecto se desenclavaba de la Cruz y se le plegaban los brazos, los Ladrones formaban Calvario con una Cruz desnuda de la que colgaba un blanco sudario. Al pie de esta Cruz era donde se situaba la imagen de la Virgen buscando mayor poder evocador de la escena del Gólgota.

Como la Congregación no disponía de imagen para ello, se solía buscar una prestada. Algunos años se utilizó, por gentileza del Cabildo Catedral, la imagen de las Angustias. En otras ocasiones se empleó la hermosa Piedad o Quinta Angustia que hubo en la Iglesia del Antiguo Hospital de San Juan de Dios.

En 1942, dada la relación de afectividad que la Congregación mantenía con la familia Sáenz Messía, se les solicitó una imagen de la Dolorosa que los Condes de Humanes tenían desde tiempos antiguos en su oratorio privado y que luego depositaron en un nicho del Convento de M.M. Dominicas de “La Concepción” sito al comienzo de la calle Ancha o de Muñoz Garnica.

Esta imagen la tuvo en gran estima la condesa Dª María Teresa Messía y Aranda y de ella disponía su hijo don Manuel Sáenz Messía y Fernández-Cortina, que ostentaba el condado desde 1940.

11Cedida a solicitud de don Juan Lozano, desfiló en la procesión del Viernes Santo de 1942 causando una gratísima impresión, al extremo que se decidió solicitarla en años sucesivos, como así se haría.

La prensa local al difundir esta novedad y dado que la imagen carecía de autor conocido, la djundicó, con evidente ligereza y atrevimiento, a una gubia señalada. Se dijo que era de Martínez Montañés y luego se señaló su similitud con otras imágenes de la sevillana Luisa Roldán “La Roldana”, atribución que difundió mucho el conocido fotógrafo y cofrade Jaime Roselló Cañada y que pronto algunos eruditos locales trataron de ratificar recordando que su padre Pedro Roldán y su primo Marcelino Roldán habían trabajado para la Catedral de Jaén hacia 1675.

A esta imagen se le empezó a denominar “La Roldana”, artificiosa advocación que sin que sepamos porqué se aceptó y durante muchos años ha servido para su identificación.

El 9 de Junio de 2000, el obispo de Jaén D. Santiago García Aracil, a consecuencia de petición formulada por la Congregación y la Parroquia, expidió un decreto episcopal dictaminando que en lo sucesivo se venerase a esta imagen con la advocación de Santa María del Silencio.

Se trata de una imagen de candelero, sedente, de 1.26 m. La cabeza va ligeramente inclinada a la izquierda. La cara, redondeada, ofrece ojos de cristal con pestañas postizas, cejas fruncidas y sobrealzadas, nariz larga de punta roma y la boca admirablemente dibujada, entreabierta y dejando ver los dientes superiores. Por el rostro corren cinco lágrimas figuradas en cristal.

Las dos últimas restauraciones de esta imagen, han sido realizadas por María José López de la Casa.

44Por deferencia del Conde de Humanes, esta Dolorosa se cedía los años pares para la procesión, volviendo luego a su lugar habitual de culto en el Convento de las M.M. Dominicas.

Demolido el Convento de “La Concepción” en 1965, los Condes de Humanes quisieron perpetuar la presencia de la imagen en la procesión del Santo Sepulcro, a cuyo efecto donaron formalmente la talla a la Congregación.

Desde entonces, esta bellísima Dolorosa forma parte del singular legado imaginero de la Congregación del Santo Sepulcro.

SAN JUAN EVANGELISTA

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Pareja a las restantes imágenes de la Congregación es la bellísima talla de San Juan Evangelista, que también se atribuye a Sebastián de Solís, luego de adjuntarla invariablemente durante años a Martínez Montañés. Su composición indudablemente manierista y la similitud de rasgos, muy evidente en el tratamiento del cuello, la liga con el grupo escultórico del Calvario.

Es talla completa, de proporciones ligeramente inferiores al natural. Se representa como un joven imberbe, con rostro más turbado que triste. La mascarilla está labrada con similitud a la de los Ladrones, aunque con mayor finura. El cabello dispuesto en largos tirabuzones manifiesta una perceptible simetría, según era usual en Solís. La nariz es larga y aguzada y el cuello estirado y vigoroso.

Lleva ceñida una túnica de contados pliegues verticales, de sobrio plegado que marca ligeras angulosidades. El manto cae sobre el hombro derecho, uniéndose a la cintura por un extremo. Bajo la túnica asoman los pies, un tanto desproporcionados como era costumbre en Solís.

Adopta la actitud de hablar y apunta con la mano derecha al cielo anunciando que Cristo resucita y vence a la muerte.

Ha sido una imagen muy admirada, siendo muchas las cofradías que lo solicitaban en préstamo.

Cuando en 1907 se creó por un grupo de jóvenes de la “buena sociedad” local la denominada “Sección Sanjuanista” con autonomía dentro de la Congregación, ésta adoptó como traje de estatutos la túnica y capa blanca, con caperuza de terciopelo verde a imitación de los penitentes sevillanos de la Macarena.

28Se cometió la torpeza de entregar la imagen a los hermanos Jesús y Juan de Dios López Alcázar, considerados hábiles dibujantes y artistas, con el fin de que suprimiesen su original policromía y estofado en oro y pintasen túnica manto en los colores blanco y verde, adaptándose así a las túnicas de los jóvenes cofrades.

Así estuvo hasta que llegó al gobierno de la Sección el recordado Rafael Ortega Sagrista, que propuso como objetivo fundamental de su gobierno el devolver a la imagen de San Juan su original belleza, y para ello se puso en contacto con el sevillano Juan Abascal para ver que podría hacerse.

Llevada la imagen a Sevilla, fue minuciosamente raspada llegándose a la conclusión de que al no haber posibilidad de recuperar su policromía original, era necesario darle una nueva, buscando el máximo efecto de época. También se procedió a tallar de nuevo la mano derecha para sustituir a la que presentaba, muy burda y ajena al original. Por último se hizo una peana apropiada para el conjunto.

La imagen procesionaba con entidad propia, hasta que en la Semana Santa de 2001 se decidió incorporarla al paso del Calvario.

LOS LADRONES

MISTERIO 5

El Crucificado siempre estuvo flanqueado por las imágenes de Dimas y Gestas, el “Buen” y “Mal” Ladón, con los que forma un prodigioso Calvario en que se escenificaba el pasaje evangélico del Descendimiento.

En estas esculturas se ha acentuado el énfasis realista del imaginero, que para buscar mayor efectismo coloca a los Ladrones sobre cruces arbóreas de grandes nudos y destacados subpedáneos.

El Buen Ladrón aparece con el torso vuelto hacia la izquierda, manifestando en el gesto y la mirada su desazón interna y subrayando en el impulso que se advierte al cuerpo la actitud suplicante y esperanzada en la misericordia divina. El cuero parece querer erguirse apoyando el pie derecho en un rústico subpedáneo. El paño de pureza se anuda a la cadera izquierda. El cabello revuelto y los bigotes y barba formando rizos sometidos a una informal simetría.

El Mal Ladrón, con la cabeza caída hacia la izquierda, la mirada torva y perdida, las piernas dispuestas en violenta contracción, con los pies apoyados en una rama saliente y los brazos retorcidos sobre el madero, el izquierdo abarcando el travesaño por su zona posterior para clavarse la mano en la parte delantera, en tanto que la mano derecha se clava sobre un saliente del travesaño, evidencia un minucioso conocimiento anatómico y es la imagen viva de la desesperanza y el vacío interior. El paño de pureza se anuda a eje sobre las dos piernas.

18El tratamiento anatómico es aquí realmente magistral, ofreciendo en la pierna izquierda un corte profundo en la cara anterior del muslo en que incluso llega a diferenciarse la piel de la masa muscular interna. De ahí la gran atracción que estas imágenes han ejercido siempre en la grey infantil y las gentes sencillas del pueblo.

Restauradas, con más voluntad que acierto, en 1902 por el pintor local don Manuel de la Paz Mosquera, perdieron su anatomía original. Nuevas restauraciones sufrirán en marzo de 1916, para lo que se comisionó al Sr. Gómez. Y en 1942, se les hizo otro retoque, pues fueron prestados a la Cofradía de la Soledad. Otra restauración sufriría en enero de 1948 a manos de Enrique Cañada y Eufrasio Pulido.

MISTERIO 4En febrero de 1982, ante su estado de deterioro y previo informe técnico del escultor Constantino Unguetti Álamo, fueron trasladadas al Instituto de Conservación y Restauración de Obras de Arte de Madrid, donde se sometieron a una detallada restauración que consiguió devolverles, en buena parte, su original belleza.

La última restauración a estas imágenes fue en 2015 por María José López de la Casa.

**INFORMACIÓN EXTRAÍDA DEL LIBRO: “INSIGNE Y REAL CONGREGACIÓN EL SANTO SEPULCRO DE CRISTO Y SIERVOS DE LA ORDEN TERCERA DE NUESTRA SEÑORA DE LOS DOLORES – HISTORIA, TRADICIÓN Y RELIGIOSIDAD DE CINCO SIGLOS – MANUEL LÓPEZ PÉREZ”**

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